The Letter

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La carta 1882. / Óleo sobre lienzo.
Obra de Charles Sillem Lidderdale, Inglaterra  1831-1895.

El problema de los otros

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Érase una vez un sabio muy conocido que vivía en una montaña del Himalaya. Cansado de convivir con los hombres, había optado por una vida sencilla, y pasaba la mayor parte de su tiempo meditando.

Su fama, no obstante, era tan grande que las personas estaban dispuestas a caminar por estrechos senderos, subir colinas escarpadas, o vadear caudalosos ríos, apenas para conocer a aquel hombre santo, al que creían capaz de resolver cualquier angustia del corazón humano.

Este sabio, como era un hombre muy compasivo, no dejaba de dar un consejo aquí y otro allá, pero procuraba librarse cuanto antes de los visitantes no deseados. A pesar de todo, éstos aparecían en grupos cada vez mayores y, en cierta ocasión, una multitud se agolpó a su puerta diciendo que en el periódico local se habían publicado bellas historias sobre él, y que todos estaban seguros de que sabía cómo superar las dificultades de la vida.

El sabio nada dijo; les pidió a todos que se sentasen y esperasen. Pasaron tres días, y no paraba de llegar gente. Cuando ya no quedaba espacio para nadie más, él se dirigió a la muchedumbre que esperaba frente a su puerta:

-Os os voy a dar la respuesta que todos queréis. Pero debéis prometerme que, a medida que vuestros problemas se solucionen, les diréis a los nuevos peregrinos que me fui de aquí, de manera que yo pueda continuar viviendo en la soledad que tanto anhelo. Los hombres y mujeres presentes hicieron un juramento sagrado: si el sabio cumpliese lo prometido, ellos no dejarían que ningún otro peregrino subiese a la montaña.

-Contadme vuestros problemas – pidió entonces el sabio.

Alguien comenzó a hablar, pero fue inmediatamente interrumpido por otras personas, ya que sabían que aquélla era la última audiencia pública que el hombre santo daría, y temían que no tuviera tiempo de escucharlos a todos. A los pocos minutos, la situación ya era caótica: multitud de voces gritando al mismo tiempo, gente llorando, hombres y mujeres arrancándose los cabellos de desesperación, ante la imposibilidad de hacerse oír.

El sabio dejó que la escena se prolongase un poco más, y por fin gritó:

-¡Silencio!

La multitud enmudeció inmediatamente.

-Escribid vuestros problemas y dejad los papeles aquí, frente a mí.

Cuando todos terminaron, el sabio mezcló todos los papeles en una cesta, pidiendo a continuación:

-Id pasando esta cesta de mano en mano, y que cada uno saque un papel y lo lea. Entonces podréis cambiar vuestro problema por el que os ha tocado, o pedir que os devuelvan el papel con el problema que escribisteis originalmente.

Todos los presentes fueron tomando una de las hojas de papel, la leyeron, y quedaron horrorizados. Sacaron como conclusión que aquello que habían escrito, por muy malo que fuese, no era tan serio como lo que afligía a sus vecinos. Dos horas después, intercambiaron los papeles, y cada uno volvió a meter en su bolsillo su problema personal, aliviado al saber que su aflicción no era tan dura como se imaginaba.

Agradecieron la lección, bajaron la montaña con la seguridad de que eran más felices que los demás, y –cumpliendo el juramento realizado- nunca más permitieron que nadie perturbase la paz de aquel hombre santo.

Fuente: Guerrero de la Luz Online. 
Paulo Coelho

Mario de Andrade y El valioso tiempo de los maduro

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“Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora…
Me siento como aquel chico que ganó un paquete de golosinas: las primeras las comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocas, comenzó a saborearlas profundamente.

Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.

Ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.

Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades…

No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.

No tolero a maniobreros y ventajeros.

Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.

Detesto, si soy testigo, de los defectos que genera la lucha por un majestuoso cargo.

Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos… Mi tiempo es escaso como para discutir títulos.

Quiero la esencia mi alma tiene prisa… Sin muchas golosinas en el paquete…

Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana. Que sepa reír, de sus errores.

Que no se envanezca, con sus triunfos. Que no se considere electa, antes de hora. Que no huya, de sus responsabilidades. Que defienda, la dignidad humana.

Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez. Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.

Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazónde las personas… Gente a quien los golpes duros de la vida, le enseñó a crecer con toques suaves en el alma…

Sí… tengo prisa… por vivir con la intensidad, que sólo la madurez puede dar.

Pretendo no desperdiciar parte alguna de las golosinas que me quedan… Estoy seguro que serán más exquisitas, que las que hasta ahora he comido.

Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia. Espero que la tuya sea la misma, porque de cualquier manera llegarás..”

Mario de Andrade

Haz de cada día un instante único

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Un día puede tener el color que diga tu corazón; nublado, lleno de vida, azul como las ilusiones, rosa como los sueños…

Pero un día siempre será un instante, si todos los días de tu vida son iguales al final de tu vida.

En ese parpadeo de un segundo, te habrá parecido que has vivido un solo día de tu vida.

Haz de cada día un instante único, quizás sólo lo consigas con una mirada, con una sonrisa, con un pensamiento…pero intenta que cada día sea una foto única en el paseo de tu vida.

Si en algún momento de esa vida, he pasado por allí, me conformo 
con haberte proporcionado esa sonrisa, ese pensamiento, ese brillar de tus ojos.

Autor desconocido

Dijo Thomas Jefferson

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"Pienso que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que ejercitos enteros listos para el combate. Si el pueblo americano permite un día que los bancos privados controlen su moneda, los bancos y todas las instituciones que florecerán en torno a los bancos, privarán a la gente de toda posesión, primero por medio de la inflación, enseguida por la recesión, hasta el día en que sus hijos se despertarán sin casa y sin techo, sobre la tierra que sus padres conquistaron."

Thomas Jefferson (1802)

ADOLESCENTE FUI

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Adolescente fui en días idénticos a nubes,
cosa grácil, visible por penumbra y reflejo,
y extraño es, si ese recuerdo busco,
que tanto, tanto duela sobre el cuerpo de hoy.
Perder placer es triste
como la dulce lámpara sobre el lento nocturno;
aquel fui, aquel fui, aquel he sido…
era la ignorancia mi sombra.
Ni gozo ni pena; fui niño
prisionero entre muros cambiantes;
historias como cuerpos, cristales como cielos,
sueño luego, un sueño más alto que la vida.
Cuando la muerte quiera
una verdad quitar de entre mis manos,
las hallará vacías, como en la adolescencia,
ardientes de deseo, tendidas hacia el aire.

Autor Luis Cernuda.
Fuente vivirpoesia.com

Guía básica de lo políticamente correcto

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Autor: Manuel Bustos Rodríguez.
Fuente: Diario de Sevilla
CON no escasa frecuencia oímos hablar de lo políticamente correcto y no siempre sabemos explicar su significado; ni tampoco concretar sus contenidos. Me propongo hoy, querido lector, ofrecerte una especie de guía que te oriente sobre estos aspectos. Resulta especialmente interesante tenerla en cuenta si, entre tus pretensiones, se halla la de prosperar social y políticamente. Te aviso con carácter previo de que aquí, la palabra "política", como podrás imaginar, nada tiene que ver con la dura tarea de preocuparse por la cosa pública, ni con el gobierno de los ciudadanos. Antes bien, se refiere a la línea marcada en un determinado momento por el Poder, a su "filosofía" dominante.

Así, se aplica a ciertas ideas que aquel impone de forma más o menos coactiva al resto de la sociedad; en definitiva, a aquello que le suena bien. También, como no, inversamente, a lo que se debe callar, mediante una sutil autocensura. Te daré con brevedad, algunos de sus principales contenidos.

Pero, antes de meternos en harina, conviene recordarte que lo políticamente correcto tiene su propia jerga, sus expresiones (género, identidad, sostenible, intercultural, diversidad, etc.), que conviene conozcas: orientan inicialmente a quien te escucha sobre tu adscripción al discurso oficial. Mas pasemos ya a los contenidos.

El pensamiento único actual ha desplazado a Dios desde la escena pública al espacio de lo privado. No intentes sacarlo de ese lugar con alusiones al mismo en tus conversaciones o escritos más o menos oficiales. El hecho de que creas en Él no lo justificaría. Eso sí, suele haber excepciones cuando no se trata del Dios cristiano. Una cierta dosis de ridiculización de las instituciones, jerarquías y contenidos religiosos a Él vinculados suele caer bien, así como toda expresión que defienda su inactualidad y los considere fuente de intolerancia, en el presente y el pasado.

España como valor positivo no se lleva. No debes insistir mucho en esta palabra (existen rodeos para evitarla), especialmente si vives en determinadas comunidades autónomas: podrías ser condenado al más absoluto ostracismo si lo haces. Puedes utilizar en su lugar expresiones más "universales", que denoten tu desapego hacia semejante arcaísmo, en nombre de la igualdad entre las culturas y los pueblos, o del sincretismo étnico y cultural.

Pero esta actitud no debe apartarte de tu sentimiento de pertenencia a la "mini-nación". Conviene por ello que deseches la visión de un pasado común. La historia de tu "país" es la de un conflicto permanente entre el centro opresor y tu expoliada autonomía. Y este planteamiento puedes generalizarlo, llevándolo sin temor al marco de las relaciones entre España y sus excolonias americanas o como explicación del desarrollo de unos a costa de otros.

La historia, como he dicho, debe ser reinterpretada, a comenzar por la propia española y la más reciente. Un ejemplo: la II República fue un periodo brillante, paréntesis de libertad y progreso en medio de unos tiempos marcados por la injusticia. Pero las fuerzas reaccionarias minoritarias al acecho se la cargaron, sin que ella hiciese nada para merecerlo. El régimen faccioso de Franco resultante perpetuó el oprobio, la corrupción y la represión. Si le fuiste afecto en algún momento, o llegaste a pensar que hizo cosas bien, no se te ocurra bajo ningún pretexto manifestarlo. Mantén, en esto, la cabeza muy fría. A Franco, que gobernó en contra de su pueblo, y a su régimen, por tanto, ni agua.

Sé vigilante en los temas relativos al sexo y al utilizar los conceptos de hombre-mujer. El primero es, fundamentalmente, instinto y placer, un divertimento que no tiene edad y no debes relacionar con la procreación, ni darle un sentido que lo trascienda.

En lo segundo, ten cuidado, sobre todo si eres hombre, inmersos como estamos en una tradición de fuerte componente machista. Así, el uso del todos/as, amigos/as, padres/madres y otros similares es un buen comienzo. Por supuesto, lo que define el género es la tendencia manifestada hacia uno u otro sexo o ambos a la vez, y no carácter biológico, psíquico o funcional alguno asimilable a él. De igual manera, conviene distinguir entre familia tradicional (que no natural) y nuevas formas de familia, incluida la constituida por homosexuales. La crítica de las segundas te puede acarrear acusaciones graves de intolerancia y, en el peor de los casos, de homofobia.

Esfuerzo, sacrificio y mérito son valores autoritarios: el tiempo ha demostrado cuanto mal nos han hecho. Evita, pues, cualquier propuesta que los tome en consideración como método para mejorar la vida social o la enseñanza.

En este esbozo, apenas guía, tienes, querido lector, una luz para navegar por las procelosas aguas de la España de 2009. Asúmela, no la destruyas, y tenla siempre a mano, para no incurrir en errores y, sobre todo, si deseas prosperar en el futuro.